«De la imaginación nos empecinamos en apreciar solamente lo que consideramos ingenioso y nos apresuramos a relegarla al mundo de la fantasía sin comprender hasta qué punto es la única herramienta de que disponemos para atisbar la realidad.» (Gonzalo Suárez)

El sexador de pollos

     La cinta iba cada vez más rápido y Hurimi se estaba retrasando. Era muy disciplinado, no le gustaba perder el control de la situación. Si no conseguía adelantarse a sí mismo, se produciría un desborde de los pollos acumulados y su terrible consecuencia: el despido.

     Hurimi no podía permitirse perder el trabajo. Eran los únicos ingresos que tenía para mantenerse y proseguir con su vida rutinaria y metódica. Sólo contaba con cuatro segundos para decidir, mirándoles el músculo del ano, el futuro de cada pollo: para carne o para huevos. Se concentró en la tarea y su tiempo comenzó a bajar; tres segundos noventa, tres ochenta, tres setenta.
     —Macho, hembra, macho, macho, ¿…?
    No podía creer lo que estaba viendo: un pollo sin culo. Un segundo. «¡Esto no puede ser!» Uno veinte. «Por más que miro no lo encuentro.» Dos segundos. «El desborde…» Tres veinte.« ¿Y ahora qué hago?» Tres cuarenta «¡Al bolsillo del pantalón!» Solucionado el problema, siguió faenando: uno aquí, otro allí… hasta que la sirena anunció el final del turno.

     Volvió a casa, olvidado del pollo que dormitaba en su bolsillo. Fue al desvestirse cuando un bostezo piado le recordó su existencia. Cogió al bicho y con dos dedos intentó estrangularlo ¡casi pierde el trabajo por su culpa! El pollo medio asfixiado, pidió clemencia juntando sus alas en gesto de súplica. Hurimi se apiadó de él y lo soltó.
     —Benevolente Hurimi —dijo el plumífero, agradecido—, has de saber que soy especial. Tengo el don de otorgar deseos y, a ti, por salvarme, te concederé aquello que más quieras.
     Quedó el sexador pensativo. Hizo una síntesis de su reglada vida, y supo lo que más deseaba.
     —Pues solo quiero que tú también tengas culo.

     En el universo particular de Hurimi, el orden quedó restablecido.

2 comentarios:

  1. Sí señora; un cuento redondo. Y con culo y todo.

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  2. Ya ves circular, como el susodicho círculo. Bienvenida a mi humilde página, benevolente Pav.

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